miércoles, 20 de marzo de 2013
(Relato corto). El laberinto de mi vida.
Soy Sergio tengo 20 años, vivo en una gran ciudad, donde realmente paso desapercibido totalmente, soy como una mota de polvo en este gran laberinto de calles. En ocasiones noto un cierto rechazo, sobretodo de las chicas, nunca fui muy ligón, quizás mi timidez no ayuda mucho a el encuentro, esto me ocurre desde bien pequeño.
Recuerdo por aquel entonces como las chicas de mi colegio ya me miraban de una forma extraña. Intentaba no darle mucha importancia, estaba completamente volcado en mis estudios. Deseaba seguir los pasos de mi hermano, el siempre fue el mejor en todo, o al menos eso decía mi padre. El siempre sacaba las mejores notas, incluso en su deporte preferido era el mejor, siempre le encantó la bicicleta. Todas las semanas mi padre y mi madre lo acompañaban a los circuitos. Yo nunca comprendi esa gran afición, pero era algo que les unía y les hacia felices. Yo quedaba bastante apartado en esos momentos, mi cuerpo hacia acto de presencia, solo eso... presencia.
Mi padre siempre golpeaba cariñosamente en la espalda a mi hermano, siempre decía que su hijo seria alguien grande, alguien importante. Se sentía orgulloso de sus participaciones en todos los torneos. Al contrario que de mi, jamas mi padre me felicitó por nada, interponía siempre los logros de mi hermano ante los mios. Mi madre era bastante cariñosa conmigo, siempre me mimaba. Pero de una forma extraña, era como para aliviarme de alguna manera, realmente no notaba que era por que me lo merecía.
Yo seguía encerrado en mis estudios, era como una pequeña salvación para mi, un entretenimiento para poder tener mi mente ocupada, me aislaba del mundo, y poco a poco fuí formando el mio propio. Donde la soledad era mi gran compañera, realmente era lo único que jamas me abandonaba, hasta tal punto que... se convirtió en una forma de vida.
Al cumplir los 15 años, ya tenia una mayor independencia, me quedaba en casa, ya no era necesario que mis padres me obligaran a ir a ver a mi hermano competir, prefería quedarme haciendo cualquier cosa solo, y por otra parte mi ausencia tampoco era tan importante.
Las cuatro paredes de mi habitación me consumían, incluso los libros que tanto llegué amar, se convirtieron en un gran aburrimiento. Un día decidí salir de casa, necesitaba un poco de aire, sentir la vida, no se... ver la realidad que se me escapaba de las manos.
Paseando mas de 1 hora sin parar en linea recta, sin ningún destino concreto, sentía en el estomago un gran cosquilleo, jamas me aleje tanto de casa y menos hacerlo solo, sin la presencia de mis padres. Llegue a las cercanías de un parque, era precioso, habían flores por todas partes y muchos niños con sus padres jugando. Era un cumulo de voces, casi tan perfectas que sonaban como una canción en mi interior.
Me senté en un banco a observar, me parecía fantástico aquel paisaje, y así durante un buen
rato. De repente se acerco una chica, y con la voz alterada, me pregunto. - ¿ has visto a un perrito pasar? es pequeño y negro, lo he perdido, no se donde esta. Le respondí que no, no vi pasar a ningún perro, la vi tan alterada y disgustada, que le ofrecí mi ayuda, para poderlo encontrar. Podía ver en su rostro la felicidad que le causaba, que alguien mas se preocupara por su búsqueda.
Pasamos un gran rato buscando, ella agradecía mi gesto de ayudarla. La noche se apodero, del cielo, ya era tarde muy tarde, tan tarde que cuando regresara a casa, mi madre estaría muy enfadada, pero me daba igual, estaba tranquilo con Marta. Era así como se llamaba la chica. A pesar de nuestra búsqueda, no encontremos nada, Marta lloraba, y con la voz rota por sus lágrimas, me dio las gracias por ayudarla, ella ya se regresaba a casa, y mañana seguiría la búsqueda. Me despedí de ella y también me marche para mi casa, realmente no sabia a donde estaba, pero intentaba recordar por las calles que había pasado, mientras me alejaba de casa. Y poco a poco comencé a ver calles que ya me sonaban de pasar por ellas en el coche con mis padres.
A lo lejos vi luces, muchas luces de color rojo, exactamente no sabia que eran, tras mi caminar iba quedando menos borrosa aquella luz, esas luces procedían de cercanías de mi casa. Aligeré mi paso hasta el lugar. No podía ser, que estaba ocurriendo, era el coche de mis padres, estaba destrozado. La policía corría, los bomberos intentaban apagar el fuego que se apoderaba de la estructura del coche.
Mi cara se convirtió en un mar de lágrimas, no sabia exactamente que pasaba, que había
ocurrido. Ante mi llanto un bombero me pregunto: - ¿Que tienes muchacho? ¿que te ocurre?
Mientras entre lágrimas gritaba - donde estaban mis padres y mi hermano! El bombero me dio la mano, y me llevo hasta el coche de policía, quedate aquí me decía, ahora regreso, permanece tranquilo.
Jamas pude superar ese momento, falleció mi madre en el grave accidente, ninguno pudo superarlo. Perdí una de las cosas mas importantes que tenia y hasta ese justo instante, no me di cuenta. Mi hermano quedo lesionado de una de sus piernas, ya nada era como antes. En unos pocos instantes y en una noche poco fortuita, el destino dio un vuelco en nuestras vidas.
A pesar de las lesiones, mi hermano intentaba de todas las maneras posibles, pero su pierna no respondía a sus deseos. Mi padre no volvió jamas a ser quien era, su rostro marcaba la perdida que arrastraba. Los sueños pisoteados por la mano de la muerte y la desgracia.
Los años fueron pasando, y todo seguía igual, a pesar de que ya habían pasado 3 años, mi padre aun seguía perdido en su depresión. Hasta tal punto que una buena mañana se quito la vida. Acabó de la peor manera con su sufrimiento. Realmente no sentí su ausencia, siempre había vivido con ella, la vida me hizo crecer en la frialdad, no sentía ni dolor ni pena, solo la indiferencia.
Decidí tomar las riendas de mi vida, solo me quedaba mi hermano, el cual también se marcho hacer la suya propia, así que una vez mas solo ante el mundo, mi mundo. Hoy en día, con mis 20 años, camino sin hacer ruido, soy como un golpe de aire caliente en pleno verano. En ocasiones recuerdo a Marta, aquella linda chica que me dio el mejor regalo que puede sentir una persona sentirse útil. Que las personas que te rodean en algún momento de la vida, sepan valorar y agradecer. Con solo dos palabras.... ( MUCHAS GRACIAS).
2010
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